3/9/10

acostado sobre el cordón, con la cara fundida en el pavimento y la cabeza bordó por el negro del cabello y el rojo de la sangre. Una alfombra pringosa y quemada por el sol intenta cubrir su muerte fresca. El policía procede, como suele proceder en cada caso, con sus manos enguantadas en látex blanco, a revisar los bolsillos del jean. Saca una billetera, saca unos papelitos. (Me imagino si el muerto a revisar fuera Minguito). De una mochila roja, empieza a sacar ropa: un buzo, un pantalón, y unos trapos de donde surge una botella de Smirnoff media vacía (para un borracho nunca una botella està media llena) y enseguida una de fernet completa. El oficial desarma el nido de ropas que el flaco había embuchado en su mochila con la previsiòn de que si por alguna de esas chocaba no se derramase el delicioso liquido conseguible en supermercados y afines.

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